sábado, 31 de mayo de 2014

Historia de un hombre y su musa



Te voy a contar la historia de un hombre, un tipo solitario y que su pasatiempos favorito era vagar por las inmensas llanuras desoladas de su subconsciente. Al comienzo del viaje siempre yacía él de pie sobre arena grisácea, en un lugar que se extendía hasta que ésta arena se juntaba con la línea del horizonte. Explorando el vasto desierto sin ningún fin en especial se dedicaba a buscar caminando en la nada, pero sereno porque a pesar de ser nada, brindaba un toque familiar que hacía gustosa la estancia, los largos ratos que dedicaba a tan entrañable búsqueda.
En uno de los tantos viajes, caminando con la mirada perdida se topa con una musa, el solo hecho del encuentro desató una reacción en cadena dentro de su cuerpo, que se limitó a ingresar por los ojos, pero sin siquiera preguntar se apoderó de sus sentidos, provocando un estallido que retumbó dentro del pensamiento del hombre. El primer encuentro con ésta musa había encendido la parte que se encuentra normalmente apagada en una persona que se dedica a buscar nada en la nada, ese lugar pensante que consideraba vacío hasta que logró congeniar visualmente, a la ya amada musa. Tan maravillosa reacción, hizo que su mente volara a confines desconocidos para el hombre.
Luego empezó a notar que todo lo que ocurría no poseía un orden, similar a la creación de un cosmos, el caos reinaba hacia donde prestara atención, un desorden espléndido digno de ser retratado. Sin nada al alcance de las manos, se limitó a observar sereno como todo se revolucionaba a su alrededor, como los colores nacían desde el suelo y desaparecían en la nada, de lo que ésta vez sería el todo. Emergían sin cesar nuevos pensamientos que se plasmaban en astros navegantes, palabras que daban a lugar a poesías que se transformaban en serenatas que serían capaces de hacer caer a la luna. Sin duda alguna un espectáculo digno de nadie.
Tomo de la mano a la musa y la llevo a caminar a través de la euforia presente en todo el lugar. La besó y parecía que ya no quedaría lugar para estar de pie, un apocalíptico escenario se llevaba a cabo, a tal envergadura que pareciese que todo se desplomaría dejando nada más que el consumado amor que se llevaba a cabo en los brazos del hombre, habiendo dejado de lado por primera  vez aquella arena grisácea, fiel compañera de su antiguo reino, el reino de la nada, que por primera vez era algo.
Plasmada en sus brazos y sin apuro, de su lado la musa comenzó a desvanecer, y junto con ello cesaba el ritmo del carnaval que se llevaba a cabo. Se situó en frente de sus ojos y sintió una sensación similar a la del comienzo, se trataba del segundo encuentro con aquella entonces, opaca musa del caos. Por el portal de su mirada ingresó el sombrío sentimiento que se apoderó de sus sentidos provocando la decadencia de sus pensamientos, volviendo gris el contorno de la sección antes encendida y ordenando todo el desorden antes formado. Poco a poco la compañera que hizo posible lo que él creía era la solución que buscaba sin saberlo, dijo el último adiós con una reverencia hacia él, un gesto noble de un ser divino, hacia un simple y solitario hombre que yacía ésta vez entre escombros y silencio, ambos dignos de él.
Caminando entre ruinas y arena, comenzó a notar que poseía recuerdos remanentes de la amada y ya desvanecida musa, que provocaban sensaciones nuevas de añoranza y esperanza de algún día poder presenciar nuevamente todo lo sucedido. Por entre los cometas caídos y estrellas carentes de luz desparramadas sobre el suelo, comenzó a divagar nuevamente, pero esta vez con un propósito más valioso, lograr encontrar el espectáculo dirigiéndose al horizonte y dar las gracias a la musa, su amiga, compañera y amada, diosa del caos.